Como la mayoría de los años, los ingresantes a la carrera de Bibliotecología en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) responden a un perfil definido. En su mayoría mujeres, de 30 a 35 años, con algún paso previo por el sistema educativo. Aunque los últimos ingresos el número de hombres es en poquito más alto.
Ingresan con la esperanza de una salida laboral rápida, real, pero que conspira con una formación integral que le daría el continuar sus estudios de Licenciatura y no quedarse con un título intermedio (tecnicatura) que le brinda una adecuada formación pero sin su posterior integracion a otras facetas como por ejemplo la investigación, la docencia universitaria, etc.
Hace poco leyendo una revista de educacion encontré este interesante artículo sobre alfabetizacion y aprendizaje de Rosa María Torres, rescato alguno de sus párrafos:
“Muchas personas no ven ninguna relación entre alfabetización y aprendizaje a lo largo de la vida. De hecho, la mayoría de la gente –incluyendo políticos y especialistas en educación– piensa la alfabetización como una oferta educativa remedial y no-formal, de corta duración, destinada a personas pobres que no pudieron ir a la escuela cuando niños.”
Cómo bibliotecarios tenemos una responsabilidad ética y profesional de socializar el conocimiento. De asegurar con nuestras herramientas y saberes que los que menos oportunidades de aprendizaje formal tienen reciban lo que se les niega por políticas educativas y culturales miopes.
“La meta no es “erradicar el analfabetismo”, sino asegurar acceso universal a la cultura escrita –familias letradas, comunidades letradas, sociedades letradas–. Para alcanzar esta meta se requiere trabajar simultáneamente en cuatro frentes complementarios:
a) Educación básica de calidad para todos los niños y niñas, poniendo la alfabetización (adquisición, desarrollo y uso de la lengua escrita) en el centro de los esfuerzos y las reformas escolares.
Alfabetización universal para la población joven y adulta excluida del sistema escolar, no sólo a través de programas específicos para adultos, sino también como parte de los esfuerzos educativos dirigidos a la familia y la comunidad, y a través de todos los medios posibles.”
Debemos luchar, tomar partido. La Bibliotecología es enimentemente social, y como tal debe bregar por la igualdad de acceso a la información, al conocimiento.
“Un ambiente que estimule la lectura y la escritura, a nivel local y nacional, incorporando y articulando todas las instituciones, medios y tecnologías disponibles (familia, escuela, biblioteca, iglesia, espacio deportivo, centro comunitario, telecentro, cybercafé, periódicos, radio, televisión, etc.).
Luchar contra la pobreza de manera estructural, no sólo con intervenciones focalizadas ad-hoc, sino introduciendo cambios profundos en el modelo político, económico y social. No se puede luchar contra el analfabetismo sin luchar contra la pobreza y sin asegurar la satisfacción de las necesidades básicas de la población. En definitiva, alfabetización para todos y educación para todos requieren intervenciones complejas y políticas intersectoriales. Solamente desde la política educativa es imposible avanzar sobre la democratización de la educación y de la cultura escrita.”
“La alfabetización no tiene edad. El término alfabetización se refiere a la capacidad de leer y escribir (la capacidad de calcular por escrito se agrega muchas veces como parte de la alfabetización).
La adquisición y el desarrollo de la alfabetización se realizan dentro y fuera de la escuela. Es generalizada la creencia de que las personas aprenden a leer y a escribir cuando entran a la escuela y que este proceso termina con el último día de clases. Esta creencia es equivocada, tiene mucho de desconocimiento y de prejuicio.”
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